domingo, 30 de diciembre de 2007

La Iglesia Luterana salvadoreña: nuestra experiencia pastoral 1-nov-01

La Iglesia Luterana Salvadoreña: nuestra experiencia pastoral
" Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos..."
Mateo 28:19

La Iglesia Luterana ha recorrido un largo camino en su tarea de predicar las Buenas Nuevas al pueblo salvadoreño. Es una historia de búsquedas y de encuentros, de aciertos y de errores, de compromisos y de lucha. Es una historia que merece ser conocida.

Nacimos en Pasaquina

La obra luterana en El Salvador nace en el año 1952 en la población oriental de Pasaquina, como resultado del esfuerzo misionero del rev. Roberto Gussick, enviado para Centro América y con sede en Guatemala por la Iglesia Luterana Sínodo de Misuri. De esta iniciativa surge el primer pastor luterano centroamericano, el salvadoreño Ciro Mejía, que ya jubilado sigue acompañando a nuestra iglesia. En 1969,durante este primer período, se realizaron labores de ayuda humanitaria con refugiados en el marco del conflicto armado entre Honduras y El Salvador, que fueron dirigidas por el rev. Mauro Recinos.

Una Iglesia Evangélica, Luterana, latinoamericana y Comprometida

En 1972, cinco mujeres de San Salvador solicitan que se les asigne un pastor. El Sínodo de Misuri envía al recién graduado en Teología del Seminario Augsburgo de México, Rev. Medardo Gómez.

De esta forma surge la Iglesia Luterana La Resurrección. Desde su surgimiento se caracteriza por un alto espíritu ecuménico y compromiso con los pobres. En 1978 participa de los esfuerzos y celebraciones ecuménicas junto con Monseñor Romero. Durante todo el desarrollo del conflicto armado se fortalece la unidad ecuménica, se promueve la ayuda humanitaria y se trabaja por la paz, por lograr una salida negociada al conflicto armado.

El 16 de enero de 1992 se firma el Acuerdo de Paz entre el gobierno de El Salvador y la fuerza insurgente, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Inicia un nuevo período histórico que nos plantea nuevos desafíos: lograr la democratización, la desmilitarización, la reconstrucción y la reconciliación de la sociedad salvadoreña. Comienza un período de transición de la guerra a la paz, en el cual trabajamos por el cumplimiento de los Acuerdos de Paz, en especial por la creación de la Policía Nacional Civil y de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos.

Durante todos estos años de acompañamiento a los sectores populares en sus esfuerzos por construir una sociedad más justa y democrática, nosotros mismos como Iglesia hemos ido cambiando en nuestro pensamiento teológico y nuestra praxis pastoral. Nacimos como una iglesia conservadora y nos hemos convertido a la espiritualidad profética. Nuestra identidad eclesial y teológica actual la podemos sintetizar en los conceptos de ser una iglesia evangélica, luterana, latinoamericana y comprometida.

En estos casi cincuenta años de vida hemos contribuido a formar un nuevo país, con una sociedad más responsable y tolerante así como hemos construido un modelo de iglesia que acompaña a los sectores populares en sus luchas por el pan, la justicia y la vida y se solidariza con los que sufren en cualquier parte del mundo. Existen seis aspectos que explican nuestra praxis eclesial: un obispado democrático y popular, la coherencia teológica, el reconocimiento social, la solidaridad internacional, la militancia luterana y la espiritualidad profética.

Un obispado democrático y popular

La figura de nuestro Obispo, Dr. Medardo Gómez, sintetiza el compromiso de nuestra Iglesia. Salvadoreño nacido en la ciudad oriental de San Miguel, ha dedicado su vida a la edificación de una Iglesia Luterana identificada y acompañando a las luchas de los sectores populares. La sociedad salvadoreña lo respeta por su integridad en el compromiso con la paz y la justicia.

Al interior de nuestra Iglesia, el respeto y cariño que sentimos por su persona nos hace obedecerle y permitirle, luego de ser discutido un tema y no lograrse consenso, que él tenga la última palabra. Siempre buscamos el consenso con la confianza que de no lograrlo, el Obispo decide. Este estilo de conducción nos ha resuelto múltiples problemas. Es un estilo basado en el respeto, la consulta y el consenso.

La coherencia teológica

Somos una iglesia con mentalidad progresista a todos los niveles de nuestra membresía. Desde los laicos y laicas de las iglesias locales, pasando por los y las catequistas, los y las evangelistas, los y las pastores diáconos, presbíteros y presbíteras, hasta llegar al Obispo. Aunque tengamos diferencias de enfoque y abordaje metodológico coincidimos en los fundamental de nuestro planteamiento teológico: la Teología de la Vida.

En los últimos años, hemos alcanzado la capacidad de construir nuestro propio pensamiento teológico, afinar nuestro modelo eclesial, de confeccionar nuestra propia liturgia, de definir nuestra modalidad para la formación de pastores y pastoras.Contamos con cinco presbíteras. Durante cinco años consecutivos hemos dicho nuestra palabra a la nación, en Conferencia de Prensa, cada lunes luego de un devocional con los trabajadores de la Iglesia.

El reconocimiento social

Otro elemento que explica nuestra inserción en la sociedad y el impacto de nuestro trabajo evangélico es nuestro acompañamiento permanente a las luchas de los trabajadores del campo y la ciudad, de los intelectuales, de nuestros hermanos y hermanas que emigraron a Estados Unidos y desde allí se esfuerzan por lograr su status legal. Contamos con una trayectoria histórica de acompañamiento que genera confianza y admiración en unos sectores, y como es natural, el rechazo y oposición de los sectores poderosos.

Nuestro testimonio evangélico e acompañamiento a las luchas populares forma parte de nuestro compromiso de fe, de nuestra profunda convicción de la presencia del Espíritu Santo animando la organización comunitaria, la educación política, la movilización ciudadana, y la lucha por un nuevo proyecto histórico de nación, basado en la paz y la justicia.

La solidaridad internacional

Un elemento fundamental en el desarrollo de nuestro trabajo evangélico ha sido y es el amplio y ramificado abanico de relaciones internacionales que nos han acompañado desde el inicio de nuestro trabajo, iniciando con el Sínodo de Misuri y continuando con nuestra afiliación desde 1986 a la Federación Luterana Mundial.

El intercambio de experiencias, el debate de temas controversiales, el acompañamiento por medio de misioneros, la asistencia a foros y encuentros internacionales nos ha sido de mucha importancia porque nos ha permitido conocer otras experiencias y nos hemos enriquecido mutuamente. Es justo mencionar que quien nos abrió las puertas a la cooperación y solidaridad internacional fue la Ayuda de la Iglesia Noruega(AIN) y el Rev. Peter Skawen, quienes en 1982 nos apoyaron en la creación del Centro de Refugiados Fe y Esperanza.

La militancia luterana

Trabajamos en todo el país. Nuestras iglesias se encuentran en la ciudad y el campo. la característica básica de nuestras iglesias, el concepto de militancia luterana, la esencia de las Comunidades de fe y Vida es su profunda espiritualidad profética. Esta espiritualidad profética se manifiesta en la renovación litúrgica, el estudio bíblico desde los excluidos, la hospitalidad evangélica( nos hemos declarado una Iglesia Santuario), la solidaridad con los que sufren, el acompañamiento a los que luchan, la predicación de la Palabra de Dios y la administración de los Sacramentos.

La espiritualidad profética

En nuestro trabajo de evangelización, realizamos una Conferencia de Prensa cada lunes, publicamos semanalmente una página de reflexión teológica, el Heraldo Luterano, en el periódico Colatino, elaboramos semanalmente desde hace trece años un boletín eclesial llamado Invocación.

La necesidad de ayudar a los refugiados y a las víctimas civiles del conflicto armado nos llevó a la fundación en 1982 del Centro de Refugio Fe y Esperanza, de la Coordinación ecuménica Diaconía y del Socorro Luterano salvadoreño. En 1988 creamos el Departamento de Derechos Humanos para brindar ayuda legal a los familiares de presos políticos y desaparecidos. En 1989 formamos la Universidad Luterana para contribuir desde la educación superior al fortalecimiento de un proyecto de nación alternativo.

Las comunidades de fe y vida

Nuestro trabajo evangélico se manifiesta en las Comunidades de Fe y Vida, que existen en todo el país y alimentan y desafían a nuestras iglesias. Alrededor de estas comunidades de fe y vida desarrollamos diversas actividades de pastoral. Contamos con pastorales orientadas a trabajar en las cárceles, con las comunidades indígenas en diálogo con nuestras religiones precolombinas, con las personas que viven en la calle, con los niños y niñas, con los jóvenes, con las mujeres, con la tercera edad, con la medicina natural, con la salud comunitaria, con derechos humanos, con proyectos productivos, con proyectos de vivienda, con proyectos artesanales.

Contamos con hermandades en Estados Unidos, Canada y Europa, con una red de cinco escuelas luteranas de educación primaria y secundaria; con un Instituto Luterano de Formación y Reflexión Teológica, que desarrolla la educación bíblico-teológica de nuestros pastores, jornadas teológicas sobre Fe y Política, publicaciones y relaciones ecuménicas, que incluyen relaciones con la Comunidad Judía, Comunidad Musulmana y Comunidad de la Fe Bahai.

Una iglesia pobre, dependiente y en emergencia

Como complemento a todo lo mencionado, debemos reconocer humildemente que somos una iglesia pobre de un país pobre, una iglesia dependiente de un país dependiente, y una iglesia en permanente emergencia de un país muy vulnerable. Lo primero nos afecta internamente ya que de manera persistente atravesamos crisis financieras, que no pueden ser resueltas con las donaciones modestas de nuestra membresía popular. Los segundo nos indica que vivimos en un mundo desigual y que las iglesias reflejan la distribución de poder y riqueza existente en el mundo, pero también encarnan la solidaridad de la familia de seguidores de Jesús de Nazaret. La tercer característica se relaciona con una situación permanente de emergencia: terremotos, sequías, deslaves, inundaciones, pérdida de cosechas, etc. La emergencia se nutre de la vulnerabilidad natural y social de nuestro país.

No es fácil ser consecuente con el mensaje de Jesucristo en sociedades del tercer mundo, las tentaciones del poder y la riqueza continuamente tratan de domesticar la fuerza de la obra evangélica. Se requiere mucha fe y espíritu de entrega, mucha humildad y firmeza, para mantener la esperanza. Jesús nos da esa fe y esa esperanza. Amén.

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Rev. Roberto Pineda
coluteranos@123americatel

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