viernes, 11 de enero de 2008

Martín Lutero: El espíritu rebelde de la Reforma 30-octubre-02

Hermanos y hermanas: reciban un evangélico saludo de la Iglesia Luterana salvadoreña y en particular de nuestro Obispo, Dr. Medardo Gómez. Es para nosotros miembros del Instituto Luterano de Formación y Reflexión Teológica, ILFORET, una gran alegría poder compartir con ustedes esta Semana de la Reforma, junto con la Iglesia Cristiana Luterana de Honduras. Voy a compartirles algunas ideas sobre la Reforma, sobre el papel de Martín Lutero, sobre su pensamiento teológico y sobre los desafíos que enfrentan nuestras iglesias para ser fieles al legado histórico de la Reforma.

Cuando hablamos de la Reforma estamos hablando de un acontecimiento clave en la historia de la humanidad. Un acontecimiento fundamental que marcó el paso de una época a otra, de la Edad Media a la Modernidad. Fue un período de profundas transformaciones en todos los ordenes de la vida social. Un momento de transición.

La Reforma

La Reforma fue un terremoto político y religioso. Una conmoción que estremeció fuertemente a la sociedad europea y a los poderes establecidos de esa época. La Reforma rompió un eslabón importante de la cadena de dominación vigente, del sistema dominante de ese tiempo, en el cual Roma era la potencia hegemónica y los demás países estaban sometidos a su yugo.

Y Roma no sólo era el poder militar, era también el poder religioso. La Iglesia con el Papa a la cabeza dominaba desde Roma. La Reforma influyó en modificar este escenario internacional e impactó intensamente en lo político, lo social, lo económico, lo ideológico y en particular, lo religioso.

Es importante que comprendamos la situación existente encada uno de estos espacios. En el plano internacional Roma era el centro hegemónico y los demás países o reinos estaban en la periferia. Y Roma para sostenerse exigía tributos y enviaba a sus tropas, sus legiones, para garantizar esos tributos. En esa época lo que hoy es Alemania y toda Europa era un conjunto de reinos o principados bajo el dominio del imperio romano.

Los príncipes eran los sectores dominantes locales, aliados con el imperio romano. Y ejercían su autoridad de manera autoritaria. Los sectores populares no gozaban de ningún tipo de derechos. El pueblo vivía en la pobreza y en la opresión. La pobreza era generalizada. No existían escuelas ni hospitales. La gente vivía con hambre y con temor. Solo una elite vinculada al poder real gozaba de privilegios.

Los campesinos vivían en la servidumbre, estaban obligados a entregarle a los terratenientes, al rey y a la iglesia la mayor parte de sus cosechas. Además trabajaban en sus campos. La explotación acompañaba sus vidas desde que nacían hasta que morían.

Y los curas explicaban en las iglesias que esta situación era la voluntad de Dios y que por lo tanto no podía cambiarse y quien lo intentara estaba condenado no solo al fracaso sino también al infierno, a quemarse en las llamas eternas por sus pecados. La Iglesia predicaba una religión basada en el temor y la resignación, se proclamaba que había que obedecer a los reyes y los terratenientes, o enfrentar la condena eterna.

Martín Lutero

Esta era la situación nacional e internacional en la que vivió Martín Lutero. Y debemos de estar claros que al hablar de su vida y de su obra estamos hablando de una persona de otra época y de otra cultura. Lo estamos interpretando, leyendo desde nuestra realidad de luteranos de países pobres , de luteranos latinoamericanos. Les estoy compartiendo lo que interpretamos desde nuestra situación en El Salvador, desde nuestra experiencia.

Las ideas y la herencia teológica de Martín Lutero sólo pueden entenderse conociendo el trasfondo histórico-social que hemos ya mencionado. Martín Lutero y su acto revolucionario de clavar las 95 Tesis en las puertas de la iglesia de Wittenberg solo puede comprenderse a la luz de su realidad histórica.

Martín Lutero y la Reforma son términos sinónimos. El uno explica al otro y viceversa. En nuestra opinión,. Existen cuatro facetas de la personalidad de Martín Lutero que deseo rescatar para ilustrar su papel como principal impulsor de la Reforma.

Una característica básica de Martín Lutero es su origen popular. Fue hijo d e un minero. No vino de la aristocracia sino de los sectores populares, y durante toda su vida fue fiel y consecuente con sus orígenes populares. No trató de parecerse a los poderosos. Fíjense que cuando era un niño, cantaba villancicos junto a otros chicos para ganarse el pan y comprar los cuadernos. Fue un niño trabajador, como miles de niños y niñas en nuestros países.

Martín Lutero fue también un soñador. Tuvo la capacidad de imaginarse una nueva iglesia, una iglesia de nuevo tipo, en la que se borraran las diferencias jerárquicas, tuvo una visión de futuro, se adelantó a su época, hizo suyas las ideas de Jesús de Nazaret. Soñó con una nueva sociedad, la civilización del amor.

Martín Lutero sufrió también persecución. Fue un perseguido político. Luego del 31 de octubre de 1517 tuvo que pasar a la clandestinidad. Conoció la clandestinidad que significa esconderse, cambiar de casa, disfrazarse, cambiar de nombre, ir de un lado a otro, hizo la experiencia vivida por miles de latinoamericanos. Vivió con el temor de ser quemado en la hoguera por hereje. Cualquier persona podía capturarlo y matarlo en el acto.

Martín Lutero fue una persona de extracción humilde, un soñador, un perseguido político pero fundamentalmente, su característica básica, fue la de ser un rebelde, la rebeldía contra el sistema. Martín Lutero desafió el imperio de su época, se enfrentó con mucha fe y mucho coraje con los poderes establecidos. Hubiera podido capitular, venderse, renunciar a sus ideas pero decidió luchar, decidió seguir a Jesús.

Hubiera podido ser un destacado académico, pero decidió involucrarse en la lucha social y ponerse al frente de la reforma de la Iglesia. Es uno de los grandes rebeldes de la historia, como lo había sido su Maestro, Jesús de Nazaret, como lo fue nuestro Monseñor Romero, también seguidor de Jesús, el crucificado que fue resucitado.

Teología de la Reforma

Es únicamente conociendo la situación histórica en la que vivió Martín Lutero y su compromiso como persona que podemos acercarnos a sus ideas, que podemos entender su contribución teológica , como el entendió la actuación de Dios en la historia de nuestras vidas y de nuestras sociedades. Existen cinco pilares básicos que sostienen el pensamiento teológico de Martín Lutero, su entendimiento de Dios.

El primer pilar es el de la justificación por gracia mediante la fe en Jesucristo. Suena difícil, extraño. Estamos tratando con un lenguaje de otra época. Y debemos de actualizarlo para entenderlo. Hay que interpretarlo. Justificación es salvación. Justificación es la justicia de Dios. Ser justificado es ser salvo. Y antes como hoy se buscaba la salvación, para evitar el infierno, para evitar la perdición. Para lograr la vida eterna.

Y en aquella época se pensaba y la iglesia enseñaba que la salvación se obtenía mediante la oración, las penitencias, las vigilias, e incluso la flagelación, porque se consideraba que el cuerpo era fuente de pecado y había que castigarlo para purificarlo. Imagínense. Y Martín Lutero se hizo monje agustino y practicaba todas estas cosas.

Y aún así no se sentía satisfecho, sentía un vació, se sabía pecador y poco a poco, con estudio y oración, llegó a la conclusión que no podíamos adquirir la salvación por nuestros propios esfuerzos, por nuestros propios medios, por nuestras obras, por lo que hacíamos, porque en realidad no nos merecemos la salvación. No somos dignos de la salvación.

La salvación, o sea la justificación únicamente podemos recibirla por gracia, gratis como un regalo de Dios, no podemos comprarla. La salvación es una demostración del amor que Dios nos tiene. Adquirimos la salvación por gracia por medio de la fe en Jesucristo como Señor y Salvador.

Esto chocó con la premisa fundamental de la Iglesia que proclamaba la salvación por las obras, por lo que hacemos y que incluso inventó un sistema de indulgencias que permitían estafar a la población creyente, haciéndole creer que por cierta cantidad de dinero se le borraban los pecados cometidos. Martín Lutero denunció y combatió este mecanismo de explotación religiosa. Las 95 tesis fue un manifiesto de denuncia de las indulgencias.

El segundo pilar es la centralidad de Jesucristo. El reconocimiento de Jesucristo como Señor y Salvador es la premisa fundamental del pensamiento de Martín Lutero. En aquella época, la opinión del Papa en Roma, en el Vaticano, había desplazado la figura de Jesucristo. Y la Iglesia giraba alrededor del Papa y no de Jesucristo. Y la iglesia se había identificado con los poderosos. Y la iglesia legitimaba las guerras y la adquisición de riquezas. Era una iglesia oligárquica, alejada de los sueños y los sufrimientos de los pobres.

El tercer pilar es la centralidad de la Biblia. Por medio de su Palabra Dios se comunica con nosotros. En la época de Lutero la Biblia había sido escondida, secuestrada de la gente. Las Biblias eran casi inexistentes, no había imprenta, y estaban escritas en latín o en griego. Y si a esto agregamos que la mayoría de la gente no podía leer.

Y entonces Martín Lutero tradujo la Biblia al alemán, y la biblia pudo ser leída. Y ya no se necesitaban interpretes, cada persona podía leer y estudiar la biblia por su cuenta. Hasta ese entonces la Iglesia había escondido la biblia y se había inventado el criterio de la tradición. Se utilizaban los escritos de teólogos y del Papa para interpretar la Palabra de Dios.

Esta era la tradición. Por medio de encíclicas, bulas, etc., los Papas dictaban y decretaban la verdad del evangelio desde Roma. Adulteraban el Evangelio de Jesús. Y Lutero los denunció y les arrebato la Palabra de Dios y la regresó a sus legítimos dueños, los creyentes en Jesús de Nazaret, los pobres, los excluidos. Es por esto que para nosotros la Biblia es norma de fe y vida.

El cuarto pilar tiene que ver con la forma de ser iglesia. La iglesia en esa época era muy jerárquica y estratificada. Primero estaba el Papa, luego los cardenales, luego los arzobispos, luego los obispos, luego los sacerdotes, y por último, los laicos. Esa era la pirámide social de la iglesia. Muy parecida a la pirámide de la sociedad feudal.

Era una iglesia jerárquica y excluyente. Era una iglesia con mucho poder y mucha soberbia. La soberbia de los poderosos. :Los clérigos monopolizaban los espacios sagrados y también los espacios profanos. Eran los dueños del altar y del dinero. Los amos del púlpito y de la espada. Los laicos estaban arrinconados, invisibilizados por el poder vigente.

Lutero rechazó con energía esta situación y recuperó la idea del sacerdocio universal de todos y todas los y las creyentes. O sea que todos y todas tenemos la responsabilidad de proclamar el Evangelio y de luchar por la construcción del reino de Dios. Los clérigos no tienen el monopolio sobre el Espíritu Santo.

El quinto pilar del pensamiento teológico de Martín Lutero es el de una ética del amor y la solidaridad. Lutero tuvo un compromiso con la sociedad, se preocupó en ayudar a resolver los problemas de su sociedad. Y vinculó la acción de la iglesia con la escuela, con la educación. Y enlazó la acción de la iglesia con la clínica comunitaria, con la salud. Y cada vez que se fundaba una iglesia luterana surgía una escuela, una clínica comunitaria. La iglesia recuperó su naturaleza de servicio a los más necesitados y a los más sufridos.

Estos son los cinco pilares básicos del pensamiento teológico de Martín Lutero. Son nuestros principios doctrinales, surgidos de una práctica de desafíos, de enfrentamientos, de asumir la dignidad rebelde de los pueblos contra el imperio romano, y de acompañamiento, de identificación con las luchas por la justicia de los sectores populares.

Desafíos actuales

Es en este cuadro de una historia de ruptura y de compromiso que se desarrolló la Reforma y que emergió Martín Lutero como uno de sus principales lideres. Y es desde esta herencia, que debemos de preguntarnos hoy como iglesias luteranas latinoamericanas, como iglesia hondureña, como iglesia salvadoreña: ¿ en que Dios creemos? ¿En los dioses que se identifican con los poderosos o en el Padre de Jesús de Nazaret?

Nos debemos de preguntar: ¿en cual Jesucristo creemos? En el que fue perseguido, murió crucificado y resucitó al tercer día o en el que nos presentan como empresario exitoso? ¿ en el que come en la mesa de los globalizadores o el que acompaña la lucha de los pobres? ¿en un Cristo que predica la resignación, o el Cristo que expulsa a los mercaderes del templo?

En que Biblia creemos: ¿en la que es utilizada para dividir y para confundir a nuestras comunidades de fe o en la que nos permite unirnos en la lucha contra el enemigo común de la humanidad? ¿ en la Biblia que libera o en la que se usa para domesticar las conciencias? No podemos evadir la necesidad de definirnos. Es en estas opciones que se juega la vida y el futuro de nuestras iglesias luteranas latinoamericanas.

¿Cuál es el tipo de iglesia que construimos? ¿Una iglesia que reproduce los modelos excluyentes y jerárquicos de nuestra sociedad una iglesia abierta, democrática, como la soñó Jesús, en la que se practique el sacerdocio universal de los creyentes?

¿Cuál es nuestra perspectiva ética? ¿Nos solidarizamos y acompañamos las luchas de los que sufren o buscamos ser aceptados por el sistema y nos callamos la boca, como hacen muchas iglesias? ¿A que le apostamos? ¿ a convertirnos en piezas del engranaje ideológico del sistema o a ser factores de ruptura del modelo de opresión?

Estas son nuestras opciones como comunidades luteranas de fe que desde América Latina asumen la herencia de la Reforma y de la lucha de nuestros pueblos. ¡Que nuestro señor Jesucristo nos brinde fortaleza para asumir los desafíos de ser una iglesia militante, comprometida con la vida, que lucha por el pan y la justicia, que sufre y que sueña, que tiene fe, dignidad y esperanza, que sigue los pasos de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

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Ponencia de Rev. Roberto Pineda
robertoarmando@navegante.com.sv
a nombre de ILFORET, en Semana de la Reforma,
organizada por la Iglesia Cristiana Luterana de Honduras
Tegucigalpa, Honduras, 30 de octubre de 2002

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